Don Juan en el abismo

   La oscuridad se hace más densa y seres del otro mundo se apoderan del teatro. Oscura densidad orquestal que, con sus vaivenes de cuerda, le infunde un vértigo que eriza los vellos. A Don Giovanni y a nosotros nos llama la voz profunda del infierno. El libreto de Lorenzo Da Ponte se inspira en la primera aparición del personaje en la literatura, la de Tirso de Molina, y también en elementos de la obra de Molière. La clave diferenciadora de cada visión de su destino está en el momento de su muerte: en la obra del español, el arrepentimiento no es suficiente cuando los pecados son tan graves; en cambio, el Don Juan romántico de José Zorrilla es salvado por el amor verdadero. En la ópera de W. A. Mozart, el barítono canta: “de cobardía nunca seré acusado”. Y cuando la estatua infernal le grita, incansable, que se arrepienta, todas las veces se niega. Es cuando cae sobre él un castigo, como en la obra moralizante de Tirso de Molina. “Ésta es justicia de Dios: quien tal hace, que tal pague”.

   El burlador desafía las normas, al tiempo que las aprovecha cuando es preciso.“Un espíritu sagaz debe acomodarse a los vicios de su siglo”. Para Don Juan, “ser fiel a una significa traicionar a las otras”, y siente que las mujeres son las que no comprenden. Sabe que, para ejercer la libertad, media la moneda de la mentira y la hipocresía. Esa misma en que caen los personajes a su alrededor, sin admitir su propia naturaleza: la mujer que dice amarlo no está dispuesta a aceptarlo sin exigir un cambio en su forma de ser; la villana que olvida el amor por su esposo cuando aparece ante ella la posibilidad de subir de categoría, y la que busca cuidar el honor, no el propio, sino el de su padre. Su criado, aunque le critique, en el fondo no le abandona, porque se siente atraído hacia su amo y la vida que él desea, pero a la que no podrá aspirar como subalterno. En esta ópera buffa, más que el abusador de poder que sólo busca quitar el honor de su colección de mujeres para burlar a sus esposos o prometidos, disfruta de la seducción como arte y se aprovecha de la sensualidad reprimida bajo una cultura cristiana. Tampoco existe un arquetipo femenino equivalente, porque el rol sexual lo acapara el cazador masculino. En definitiva, es esa misma sociedad patriarcal la generadora del personaje. Lo importante es el “Don” antes de Juan. El individuo es atrapado en el sujeto. Y queda latente la pregunta de si fue la convicción de que no obró injustamente, o su arrogancia hambrienta de una nueva caza (esta vez el premio mayor de conquistar lo divino), la causa de su caída al infierno. En palabras de Charles Baudelaire, sumergirnos en el fondo del abismo, Infierno o Cielo, ¿qué importa? / ¡Hasta el fondo de lo Desconocido, para encontrar lo nuevo!

Raisa Johnson